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ROCK AL PARQUE 30 AÑOS

TRES DÉCADAS DE LA REVOLUCIÓN CULTURAL QUE VISIBILIZÓ A LA JUVENTUD


Por: Adriana Salcedo Valencia Directora de ROCK-ART Revista Rock


El pasado fin de semana, la Carpa Cultural de la FILBo 2026 fue el escenario de un análisis profundo sobre el fenómeno que ha definido la identidad de Bogotá. El conversatorio en torno al libro "Rock al Parque: 30 años. Bogotá y las voces de la trasescena" permitió redescubrir el festival no solo como un evento masivo, sino como un motor de transformación social que redefinió la modernidad en Colombia. Sin embargo, más allá de la celebración institucional, el encuentro dejó espacio para examinar las realidades y los desafíos de un proceso que aún está lejos de completarse.


A partir del diálogo entre sus invitados, se consolidan los ejes fundamentales que explican su permanencia y las tareas pendientes para alcanzar la excelencia del festival.



Una de las afirmaciones más contundentes fue la corrección de la memoria oficial del festival. Rock al Parque no nació en 1995, sino en mayo de 1994 en el Parque Olaya Herrera bajo la administración de Jaime Castro y la dirección de Gloria Triana, el festival surgió como una respuesta directa a la Constitución de 1991 que le dio un origen clave: el evento integró a los jóvenes, históricamente estigmatizados, como sujetos activos de la política pública, dándoles un lugar en la construcción de la ciudad.


El relato de los panelistas evidenció que el festival fue el laboratorio donde se gestó la actual figura de los gestores de convivencia, recordando que en los años 90, ante la mirada escéptica de la fuerza pública, fueron los propios rockeros y organizadores quienes entendieron que la solución no era la represión, sino el entendimiento. Este pacto de respeto por el espacio público es el que permite que hoy 400,000 personas compartan un mismo escenario sin conflictos, estableciendo un estándar de comportamiento ciudadano que trasciende la música.



A diferencia de los festivales privados regidos por grandes nombres internacionales (headliners), Rock al Parque se consolidó bajo una premisa distinta: la base es el movimiento roquero local. El festival nació para dar visibilidad al talento de los barrios; es ese ecosistema distrital el que justifica la presencia de artistas extranjeros. No obstante, este enfoque enfrenta hoy una crítica necesaria: la vitrina institucional aún no se traduce en una industria sólida que garantice la exportación y circulación real de las bandas locales fuera de los tres días de evento.


Este evento también trajo consigo el lanzamiento del libro de Tatiana Duplat, siendo un acto de justicia bien merecido que rescata la memoria de los engranajes técnicos y administrativos. Sin embargo, es vital reconocer que la historia del festival también reside en los archivos de medios de comunicación independientes, fotógrafos aficionados y seguidores que han documentado el proceso desde sus inicios, haciendo parte de la memoria institucional que en sí es valiosa, pero debe nutrirse de esos registros externos para evitar visiones sesgadas y proteger el patrimonio sonoro del olvido técnico.


Tres décadas, y los retos apuntan a la formalización profesional y a la inclusión real. No basta con la profesionalización técnica; es imperativo cerrar algunas brechas en la programación y evitar que el festival se convierta en un museo de la nostalgia. La sostenibilidad económica frente a la dependencia del presupuesto público y la necesidad de una curaduría de riesgo, que conecte con las nuevas estéticas de la juventud actual, son los pasos obligatorios para que el festival no se estanque.



El evento concluyó con la certeza de que Rock al Parque es, esencialmente, Bogotá. Como una ciudad de contrastes que llueve y brilla al mismo tiempo, el festival se manifiesta como un universo en constante avance que refleja a la capital actual; una amalgama de estéticas que debe integrar sus logros administrativos con una visión de mercado más audaz y una representatividad sin excepciones. A través de 30 años de archivos y testimonios, se ha demostrado que el rock local avanza con los tiempos, abriendo una puerta al mundo para asegurar que siempre sea una experiencia necesaria volver y seguirla manteniendo.




 
 
 

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